Con palabras cargadas de patriotismo y pertenencia a esta tierra, el comandante general de la Gran Revolución Siria, Sultán Pasha al-Atrash, se aseguró de escribir su testamento para los Banu Ma'ruf y todos los hombres libres. El texto, que el sitio web “Kayan 24” vuelve a publicar, dice:
“Mis hermanos y mis hijos árabes,
he decidido, en mis últimos días, esperando la muerte inevitable, dirigirme a ustedes para despedirme y dejarles un legado. Esta nación me confió el liderazgo de la Gran Revolución Siria contra la brutal ocupación francesa, por lo que asumí la responsabilidad del mando, busqué el martirio y cumplí con mi deber. La revolución partió del inquebrantable Jabal al-Arab para extenderse por doquier, y su lema fue: «La religión es para Dios y la patria es para todos». Creo que esto les otorgó honor y orgullo, y al colonialismo, humillación y derrota. Mi testamento para ustedes, mis hermanos e hijos árabes, es que tienen por delante un largo camino y una dura ardua tarea que requiere lucha y más lucha: la lucha contra uno mismo y la lucha contra el enemigo. Tengan, pues, la paciencia de los libres, y que su unidad nacional, la fuerza de su fe y la cohesión de sus filas sean su camino para repeler las intrigas de los enemigos, expulsar a los usurpadores y liberar la tierra. Sepan que preservar la independencia es una responsabilidad que cae sobre sus hombros, después de que muchos mártires murieran por ella y mucha sangre fuera derramada para alcanzarla. Sepan que la unidad de los árabes es la invulnerabilidad y la fuerza, que es el sueño de las generaciones y el camino de la salvación. Sepan que lo que fue arrebatado por la espada, con la espada se recupera, que la fe es más poderosa que cualquier arma, que una copa de hiel con honor es más dulce que el agua de la vida en la humillación, y que la fe se alimenta con la paciencia, se preserva con la justicia, se fortalece con la certeza y se vigoriza con la lucha. Regresen a su historia llena de heroísmo y rebosante de glorias, porque no he visto nada con un impacto más fuerte en las almas que la lectura de la historia para despertar los sentimientos, avivar las ambiciones y movilizar a los pueblos para que alcancen su libertad, logren su unidad y enarbolen las banderas de la victoria.
Sepan que la piedad es para Dios y el amor para la tierra, que el derecho es victorioso, que el honor reside en preservar el carácter, que el orgullo está en la libertad y la dignidad, que el progreso se logra con la ciencia y el trabajo, que la seguridad nace de la justicia y que en la cooperación hay fuerza.
Alabado sea Dios, y nuevamente alabado sea Dios. Me ha dado una vida que pasé luchando y dedicado a la austeridad. Él me fortaleció, me guio y me auxilió a través de mis hermanos. Le pido perdón; Él es en quien busco ayuda, Él es suficiente para mí y es el mejor protector. En cuanto a los bienes y el dinero que dejo, es el esfuerzo humilde de un agricultor regido por las reglas de la ley clemente”.







