Abdul Rahim Abu Husayn, catedrático de Historia Otomana en la Universidad Americana de Beirut, escribió en el periódico «Al-Hayat» en octubre de 2017, como parte de una serie sobre la relación de los drusos con el Sultanato otomano:
No es necesario analizar aquí los acontecimientos posteriores, tales como la campaña militar otomana contra Fajr al-Din, su huida a Toscana en 1613, el indulto concedido y su regreso del exilio cinco años después, o las campañas militares otomanas definitivas contra él, que concluyeron con su derrota, captura y posterior ejecución.
Sin embargo, cabe señalar que Fajr al-Din aprovechó su estancia en Europa para movilizar el poder militar católico contra los otomanos. Cosme II escribió al Papa en su nombre, con la esperanza de que este utilizara su autoridad para convencer a España de apoyar las aspiraciones de Fajr al-Din y de Toscana en el Levante y Tierra Santa. Asimismo, Fajr al-Din, cada vez más desesperado con el paso del tiempo, escribió al enviado francés ante la corte papal, el conde François Savary, señor de Brèves, intentando recabar el apoyo francés para obtener un indulto otomano. En su carta, aludió al buen trato dispensado a los cristianos, en particular a los maronitas, a las facilidades que había otorgado a los peregrinos y viajeros cristianos, y a su supuesta ascendencia del líder cruzado Godofredo de Bouillón.
Entre tanto, el gran duque Cosme II, que albergaba la esperanza de unificar los esfuerzos católicos contra los otomanos, había enviado en 1614 una misión de expertos disfrazados de comerciantes para que le informaran sobre la situación del Levante, la fuerza del ejército de Fajr al-Din y sus fortificaciones, los puertos situados en sus territorios, los ingresos del emir y otros asuntos pertinentes. Se elaboraron diversos informes redactados por distintos integrantes de la expedición. Uno de ellos, redactado por Giovan Battista Santi, reiteraba la tesis del origen cruzado de los drusos y de los maanes.
Los esfuerzos de Fajr al-Din y de su anfitrión toscano por organizar una cruzada católica contra los otomanos en el Levante fracasaron. Por ello, el gran duque intentó conseguir un indulto de Estambul para Fajr al-Din, quien por entonces ya se había convertido en un huésped incómodo, ofreciendo a cambio la paz entre Toscana y el Imperio otomano. La respuesta a esta propuesta llegó en una misiva del gran visir Nasuh Pachá que contenía las condiciones otomanas para alcanzar la paz con Toscana y conceder el perdón a Fajr al-Din. Los otomanos exigieron que Toscana cesara su presencia naval en aguas otomanas para eliminar los riesgos de la piratería, negociándose posteriormente un acuerdo sobre el número de navíos toscanos autorizados a atracar anualmente en los puertos de Estambul, Alejandría y Alejandreta, bajo la garantía de que no fondearan en ningún otro puerto ni isla. Asimismo, se exigía la restitución de los prisioneros otomanos presuntamente capturados en incursiones piratas previas. En cuanto a Fajr al-Din, los otomanos rechazaron su regreso a sus tierras «porque ello sería motivo de disturbios», exigiendo a cambio que acudiera a Estambul para rendir cuentas de los fondos recaudados en las regiones bajo su dominio. No obstante, en atención a la intercesión de Toscana en su favor, sería indultado y nombrado para un cargo en uno de los sanjacados de Rumelia.
Finalmente, se promulgó el indulto en favor de Fajr al-Din y se le permitió regresar a sus dominios, lo que propició la prosperidad de los intereses comerciales toscanos en el Levante. Los toscanos importaban de la región seda, trigo y otras mercancías, y le exportaban mosquetes, municiones y telas, además de enviar expertos en artillería. En rigor, los contactos entre Toscana, el Papado y España, por un lado, y Fajr al-Din, por el otro, se intensificaron tras el regreso de este último al Líbano. Ambas partes debatieron nuevos proyectos para la reconquista de Tierra Santa, y estas comunicaciones continuaron hasta los últimos días de Fajr al-Din como emir en el Líbano. El patriarca maronita y otros notables maronitas desempeñaron un papel decisivo en estos contactos, actuando en ocasiones como negociadores en nombre de Fajr al-Din o como emisarios de sus cartas ante el Papa, el rey de España o su virrey en Sicilia. Igualmente, los miembros de la misión franciscana respaldaron tales proyectos y dieron fe de la sincera disposición de Fajr al-Din hacia ellos.
La última correspondencia documentada conservada data de 1633, el mismo año en que Fajr al-Din fue derrotado y apresado por Küçük Ahmed Pachá, gobernador otomano de Damasco. En este último intercambio epistolar, Fajr al-Din propuso a través del patriarca maronita un plan para la conquista de Chipre y Tierra Santa. Conforme a este, la isla pasaría a estar bajo el dominio del hermano del papa Urbano VIII, y se establecía asimismo la coronación de Fernando II, gran duque de Toscana, como rey de Jerusalén en Tierra Santa. Del mismo modo, Fajr al-Din prometía en la misma carta que él y su familia se convertirían al cristianismo y que permitiría a todos sus súbditos hacer lo propio. Fajr al-Din se comprometía también a abastecer al ejército cristiano de hombres y pertrechos, a ceder a la flota uno o más puertos seguros de entre los que controlaba, a entregarles la ciudad de Jerusalén y a brindar todo el apoyo logístico a su alcance. A cambio de todo ello, además de otras obligaciones no especificadas, el Papa y el gran duque debían enviar una fuerza naval no inferior a cincuenta naves para ocupar Chipre, y suministrarle cierta cantidad de equipo militar y otros pertrechos de guerra. El obispo maronita de Chipre se presentó ante el Papa a principios de septiembre de 1634 para exponerle la alianza propuesta.
La oferta obtuvo la aprobación del Papa; sin embargo, esta alianza y su ratificación llegaron demasiado tarde, pues Fajr al-Din ya había caído, para entonces, en manos de los otomanos.






