“En el corazón del misterio y la historia moderna de Siria, un hombre de Jabal al-Druze se mantuvo en pie, con su pistola en la mano, decidido a cambiar las páginas de la historia con un solo disparo…

En 1964, el mundo presenció un incidente de asesinato que conmocionó tanto a los políticos sirios como a los exiliados. Nawaf Ghazaleh, el hombre druso que creció en el pueblo de Malh en la gobernación de As-Suwayda, no era un ciudadano común, sino que era un símbolo de venganza y resistencia para su comunidad después de años de opresión política.

Adib Shishakli, ex presidente de Siria, dejó tras de sí un legado de gobierno militar y conflictos que no terminaron con su partida al exilio. Para Ghazaleh, estas disputas no eran solo política, sino una herida personal y familiar profunda. Mientras Shishakli caminaba por las calles de Brasil, Ghazaleh se le acercó y le disparó cinco veces, completando así el capítulo más dramático en la vida de ambos.

El caso de Nawaf Ghazaleh no fue solo un incidente de asesinato, sino un reflejo de una larga lucha entre las sectas sirias por el poder y la dignidad. Hoy, décadas después, su nombre sigue siendo controvertido: entre quienes lo ven como un héroe que defendió a su comunidad, y quienes lo ven como el perpetrador de un crimen político que sacudió la historia siria.

Nawaf Ghazaleh falleció en 2005 en Brasil, pero su historia sigue viva, resonando en Jabal al-Druze y en las páginas de la historia siria moderna, permaneciendo como ejemplo de un hombre que no estuvo en el poder, pero dejó una huella eterna que no se puede borrar.