El 27 de marzo de 2026 nos visita para despertar en los corazones el recuerdo de un hombre que no fue solo un jeque para la ciudad de “Jaramana”, sino su brújula moral y su inexpugnable muro espiritual.
Hace cinco años, el caballero “Abu Hamoud Fares Katbeh” se bajó de la montura de este mundo, dejando tras de sí un legado que se extiende profundamente en la historia de esta tierra. Su historia comenzó en los “círculos de los eruditos”, donde no era un estudiante común, sino un discípulo que absorbía la sabiduría de los grandes jeques monoteístas. Los retiros de conocimiento pulieron su alma, y convirtieron la “calle Al-Khader” y su antiguo consejo religioso -que superó los ciento veinte años de existencia- en el escenario de su piedad. Para él, el jequeato no era un cargo, sino un “manto” de responsabilidad divina y social; desde que lo asumió sucediendo a su padre, el jeque “Abu Fares Hamoud” en los años setenta, encarnó el significado del verdadero “guía” que combina la pureza del trabajo en la tierra con el comercio de la honestidad y la certeza.

 


El Jeque Fares fue la válvula de seguridad cuyo equilibrio nunca flaqueó; durante los años de escasez de la guerra y la intensificación de las tribulaciones, mantuvo el timón de la decisión, uniendo corazones dispersos, fortaleciendo voluntades agotadas y hablando en nombre de la ciudad con total honestidad y sinceridad, superando la fragilidad del cuerpo y el avance de la edad para seguir siendo un servidor para todos.

El Jeque “Abu Hamoud” partió para que su espectro permaneciera como guardián de los valores, y su recuerdo como una luz que guía a los caminantes hacia el camino de la verdad, confirmando que quien sembró el bien en los corazones de las personas, nunca es cosechado por el olvido, sino que permanece vivo en las oraciones de quienes lo amaron y en las plegarias de quienes lo recuerdan.