¿Qué pasaría si aquello que un niño lleva en su bolsillo fuera capaz de decirle, a una edad tan temprana, que es inferior a sus compañeros?

Esto es precisamente lo que reveló la publicación de una madre que habla sobre su hija de séptimo grado, quien siente celos de sus amigas debido a la paga diaria, mientras su madre no puede costear una mochila o un par de zapatos nuevos.

Entre quienes consideran que endeudarse se ha convertido en una solución natural y quienes responsabilizan a los más pudientes de las diferencias entre los estudiantes, surgieron incluso propuestas para que la escuela intervenga regulando la paga para lograr la igualdad.

Pero, ¿resolvemos la crisis limitando lo que poseen los demás? ¿O es que el verdadero problema radica en la carestía, que ha empezado a humillar a los niños y a agobiar a los padres?

Y es desde aquí que "Post y Crítica" pone sobre la mesa la pregunta más difícil: cuando el precio de una mochila supera la capacidad de los padres, y el dinero de bolsillo se convierte en el estándar de la posición social del niño entre sus compañeros, la pregunta ya no es ¿quién tiene más?, sino ¿cómo hemos llegado a una época en la que el niño necesita ocultar su pobreza para poder mantener su sonrisa?